DESPUÉS DE LA VIOLENCIA

Palabras en espera

[. la pregunta que presentamos al Otro es sencilla e incontestable: ¿quién eres? (…) La respuesta no violenta vive con su desconocimiento del Otro frente al Otro, ya que mantener el vínculo que plantea la pregunta, resulta en último término más valioso, que conocer de antemano lo que tenemos en común.

 

Judith Butler .]

JORNADA REFLEXIÓN CONJUNTA

Lugar: Centro Cultural de España - 27 abril 2011

A partir de las reflexiones parciales con los distintos agentes, se propone un encuentro conjunto para abrir y aportar a las reflexiones y cuestionamientos vigentes en este tema. [+]Leer

JORNADA REFLEXIÓN - SOCIEDAD CIVIL

Lugar: Centro Cultural de España - 22 marzo 2011

Jornada reflexión con los distintos agentes que trabajan en organizaciones civiles dedicadas a la problemática de la mujer maltratada. [+] Leer

JORNADA REFLEXIÓN - AG. JUSTICIA

Lugar: Centro de Justicia - enero 2011

Jornada reflexión para compartir primeros resultados de nuestro trabajo con las personas de distintas instituciones de Justicia que reciben casos de violencia. [+] Leer

Análisis sobre los testimonios de mujeres que han salido de relaciones violentas PDF Imprimir Correo electrónico
entonces dije yo no quiero ser víctima, yo quiero ser fuerte, yo quiero construir mi vida, yo quiero sonreír, yo quiero estar libre y si quiero caminar una hora en la calle sin que nadie me diga nada quiero hacerlo, quiero respirar, quiero comer un helado, quiero sentarme y mirar a la gente, quiero hacer todas las cosas que debería haber hecho siempre, no quiero mirar el reloj a cada rato, no quiero hacerme la dormida para no tener una pelea, no, no más.

 

Lo puse todo en una bolsita de pan, una bolsita de género, puse todos los textos porque uno siempre escribe en papeles sueltos o donde a uno le pille la inspiración, uno escribe en servilletas, en cualquier cosa. Entonces yo agarré todo lo que tenía escrito y lo metí en una bolsita de género y lo tenía que pasar al computador entonces lo tenía ahí, en la pieza del computador con mi bolsita guardado.
explícame esto” y pesca mi agenda y tira mi agenda abierta así y me dice
¿“Quién es César Vallejos?”  “¿te acostaste con César Vallejos?”
 
entonces yo lo miré y no podía creer, estaba tan sorprendida que le dije,  como estaba enojada, “ignorante” y ese poema de septiembre en que la pareja hace el amor en un auto lo copié porque me acuerdo de la primera vez que fue así”  y eso era y él con cara de vergüenza se fue, pero ni siquiera pidió disculpas ni nada y había incluso hasta quebrado un macetero porque estaba enojado y tiró el macetero, pero te das cuenta…
 

 

¿Qué sujeta a una mujer a mantenerse en una relación violenta? ¿qué la lleva a salir de ésta? No hay respuesta a estas preguntas, salvo en el espacio de lo singular. Las mujeres esbozan sus propias respuestas. Nosotros, tocados, desde acá, por sus relatos, nos esforzamos por hacer un pequeño mapa de sus respuestas, de sus preguntas y las nuestras.

 

Tal vez como “pie forzado” por el tema del proyecto (salir de la violencia) el relato de las mujeres se organiza en función de un antes y un después. Hay un pronunciamiento claro y explícito sobre un cambio en sus vidas que tiene, por un lado, muchas regularidades, y por otro, singulares valoraciones. Ese cambio es referido en torno a varios puntos, qué fue lo violento, cómo es el daño, qué las hizo cambiar de posición frente a su agresor, cómo es su vida hoy.

 

 

Qué era lo que –hoy- es posible nombrar como violento

 

yo como que encontraba normal lo que él me dijera, no sé… el hecho de que yo era tonta, que era fea, era algo que yo tenía incorporado en mi vida cotidiana,
era una sensación de rabia que tenía de sus palabras, de sus humillaciones, de agredirte, no se poh, en el contexto sexual
porque era muy celoso, porque me perseguía mucho, porque me controlaba mucho, no me dejaba hacer nada,
me echaba de la casa, no me dejaba entrar sola en los restaurantes,
me amenazaba con que me iba a quitar a mi hija y no sé, nunca más la iba a poder ver,
yo no tenía espacio propio
él no me dejaba hacer mi vida
todo lo que a él no le gustaba yo lo dejaba de hacer
no me juntaba con mis amigas, no podía ir a tomar un café con nadie, no podía ir al cine, no podía ir a mis clases tranquila porque volvía y había violencia física, rompía cosas, que el celular, tiraba cosas fuerte, siempre pensaba que yo lo estaba engañando, tenía un problema de celos muy grande

le molestaba que tuviera cosas propias
le molestaba que yo escribiera, leía lo que escribía y siempre pensaba que se lo escribía a alguien, hasta eso dejé de hacer, de escribir, y escribía desde los 8 años

le tenía miedo, mucho, cuando yo decidí separarme él iba a la puerta a golpear y yo le tenía terror,

tenía unos celos tan grandes, tan grandes que pensaba que me acostaba  con cualquier persona mi mamá, mi papá, mi hermano, mi hermana, el vendedor de la esquina, el garzón, el wn que estaba atrás mío, el chofer de la micro, o cualquier persona, cualquier persona…

hubo mucha violencia psicológica que, que yo en el fondo fui complementaria de esta situación porque hasta ese minuto yo lo encontraba como normal

Las entrevistadas hoy pueden describir la violencia en el tipo de escenas cotidianas, el tipo de agresiones, la influencia de esto en la imagen de sí mismas y en la sensación de daño. El poder nombrar esta violencia es algo posterior y, al parecer, justamente algo muy difícil mientras se está dentro de la relación. Nombrarla en el sentido de otorgarle un valor que hoy día asocian a lo intolerable. ¿qué contiene esta posibilidad de nombrar la violencia vivida en una relación  de pareja? ¿cómo es este nombrar, de qué se trata, cuál es la diferencia respecto de una mujer, de ellas mismas, estando dentro de una relación violenta?

 

 

Estar encapsuladas

 

él no quería que yo estuviera rodeada ni siquiera de mi familia, le molestaba que fuera a ver a mi mamá

no era todo el rato malo o quizás yo me adapté muy fácilmente al control, o sea, yo ya sabía quizás que me estaba controlando y sabía vivir con eso, porque en general, en general la vida era más o menos en paz, todo era más tranquilo, mientras yo no hiciera problemas en el fondo, mientras yo no le dijera “oye no” estaba todo bien, el gallo se portaba bien, como si fuera civilizado, como si fuera bueno y yo hacía lo que sabía que podía hacer dentro de mi rinconcito,

mi casa, mi casa y de repente la casa de mi mamá, ahí podía ir

que me tuviera como encapsulada en la casa en el fondo. Porque yo amistades no tenía muchas, o la amistad que tenía… problemas, entonces yo como que vivía en mi mundo con los niños, mi preocupación eran los niños, la casa, la familia, y eso era todo,  ni siquiera con mi familia porque siempre viví lejos de ellos, y cada vez que ellos trataban como de acercarse igual también había un problema.

 

Otra regularidad importante es la forma de describir la vida junto a su agresor, como una burbuja, como estar encapsuladas, como vivir en un pequeño mundo separado del resto del mundo, como una isla, con una vida que cursa en una naturalización de la violencia. La vivencia de encapsulamiento aparece directamente relacionada con las agresiones ligadas al control de sus movimientos personales y de su sexualidad, por un lado, y a su pasividad frente a éste, por otro.

Cuando las mujeres describen su cambio aluden a la ruptura de esa burbuja y con eso, al ingreso a otro mundo. Otro mundo que podría resumirse en la posibilidad de hacer elecciones y de abrir relaciones con otros, aunque ese mundo tenga ciertos límites dados por la presencia de su agresor, de modos variables caso a caso.

 

Después de la violencia…el daño

 

 

estaba muy mal, estaba deprimida tenía, llevaba como 3 meses levantándome por inercia, no quería hacer lo que me gustaba, lo único que hacía era trabajar, limpiar la casa, cuidar el hijo, y ni siquiera eso ya me gustaba, estaba súper cansada
porque para él yo siempre era lo peor, lo peor, lo peor del mundo
cuando me separé de él tenía 29, 29 porque ahora tengo 32, tenía 29 años y me vestía como vieja, mi actitud era de vieja, era pesimista, estaba súper pesimista, nada me hacía feliz, todo era mal, tenía fibromialgia y pasaba unas crisis terribles
Andaba con el pelo corto, para que no me dijera que le andaba moviendo el pelo a la gente, andaba con zapatillas todo el día para que, para que no andar con tacos porque parecía puta, andaba con buzo yo, como así, así nomás,
bueno yo antes era una persona súper insegura o era como que no me creía el cuento que podía lograr cosas, de hecho no pensaba que podía lograr algo y bueno…
creo que era por el bombardeo diario de las palabras, de las cosas que él me decía, que en el fondo no veía como un horizonte  o si me proponía una meta como que al tiro me autoeliminaba esa alternativa de poder llegar a hacer algo, ehh porque estaba como súper insegura


Todas coinciden en reconocer un proceso de abierto deterioro y la aparición progresiva de sintomatología que todas las entrevistadas describen como depresiva. Angustia, encierro, una imagen devaluada de sí mismas, desesperanza, sensación de sin salida. Sensaciones y emociones que asocian a creer en lo que “él” les decía. Creer en la palabra de su agresor. Tomar esa palabra como una verdad. Cada una de las entrevistadas tiene un rango de defensa frente a estas palabras, desde dejarlas entrar de un modo total, hasta conservar  ciertos espacios propios o rincones donde esas palabras no entran.

 

También asocian el daño a la progresiva reducción de sus libertades personales y a la pérdida de sentido respecto del ideal en el que se habían sostenido su vida en común, su proyecto de familia.

 

Parte de esa vida de isla es descrito por ellas como una idealización respecto a tener una familia y cumplir a través de ésta algo, -que podríamos enunciar- como su proyecto identitario femenino. Esta isla ideal (izada) no tiene espacio para todo aquello que la rompe y la pone en cuestión. Las agresiones. Muchas agresiones ocurren antes de que las entrevistadas puedan revisar su posición frente a la violencia que reciben y cuestionar su relación, (relaciones de pareja entre 4 a 13 años). Ellas describen en este punto lo que se decían a sí mismas para continuar frente a la evidencia de la imposibilidad de su ideal o dicho de otro modo, para continuar a pesar de la violencia. Eso que dicen puede referir a repetir mandatos de sus madres, o de sus familias de origen, así como cuestiones culturales sobre este ideal de familia que han conseguido.  Esto al momento de quiebre, cuando se abre la posibilidad de la separación, opera justamente cuestionando eso que se han dicho a sí mismas. Al salir de la relación o estando en el proceso de hacerlo pueden reflexionar sobre la idea de familia, el costo de tener una familia dentro de una relación violenta; cuestionar la palabra de sus madres, de quienes las rodean.

 

cuando estuve con él, fui a la sociedad de escritores de Chile y fui 2 años ahí, y el primer año peleas, peleas, peleas, y el segundo ya logró que yo lo dejara porque ya estaba aburrida de pelear tanto entonces por salvar mi relación con él, yo creía que se iba a salvar así y estaba equivocada poh no había forma de salvarla pero yo pensaba que era muy importante y yo sentía que dependía mucho emocionalmente de él, que no podía vivir sin él, yo pensaba eso

volvimos a intentarlo yo sentí que yo estaba haciendo las cosas mal, porque como que en realidad le estaba dando mucha prioridad a que él no tenía trabajo, yo dije pucha debo apoyarlo, no puedo dejarlo solo, a todo esto él dejó la carrera el primer año y no siguió,
si… era como lo que me había tocado vivir y mi deber era seguir adelante en esa situación porque era lo que yo había elegido, era lo que yo estaba viviendo y lo que yo tenía que seguir cargando en el fondo

 

fue difícil  porque durante 13 años de matrimonio yo sustenté o idealicé una familia o un proyecto de familia que nunca lo fue, porque también en el fondo él solamente era proveedor, nunca tuvimos esa relación de familia de hacer cosas juntos, de reírnos juntos, de  compartir cosas

 

Ellas coinciden también en la vivencia de vivir dos vidas o dos pequeños mundos o dos relaciones. Surgen en sus relatos las contradicciones entre esas dos vidas que se empiezan a dibujar como una dimensión característica de sus relaciones. El ideal que funciona como soporte de su posición  frente a su pareja y a lo que ellas –hoy- consideran era violento. Contradicciones que se vuelven insostenibles y que tienen una función específica en el proceso de salida o al menos de cuestionamiento de su relación. Pareciera que aquí opera un ideal que funciona con una importante autonomía respecto de los registros reales de su vida cotidiana.

 

¿Quién es el agresor?

Es regular también la imagen del otro como un desconocido, inaccesible, impenetrable, pero al mismo tiempo totalmente dependientes de ellas. Dependencia mutua. Valoración del otro en torno a un eje de superioridad o inferioridad, que opera durante la relación, respecto del cual ellas describen haberse sentido en una posición de inferioridad y luego, después de la ruptura en que se ven ellas como alguien superior o ven al otro como alguien devaluado. Esta devaluación no es regular, en tanto cada una sitúa ahí una valoración singular. Sólo como ejemplo, una puede seguir viéndolo con mucho poder, dado que a pesar de la ruptura sigue agrediéndola e interfiriendo su vida cotidiana, pero como alguien poco valioso como persona, enfermo, malo, loco, etc.  y otra puede verlo totalmente degradado en todos los planos.

 

cuando pasó todo este cuento judicial yo lo veía a él y me paralizaba o sea, ni siquiera era capaz de en un juicio poder darme vuelta y mirarlo hacia el lado, no podía, me superaba y ahora siento que yo estoy más arriba que él,

 

¿Qué significó cambiar a partir de esta relación?

La noción de que su vida cambió es regular, sin embargo, la valoración de dicho cambio y el sentido específico que le da a sus vidas, varía. Es posible distinguir entre quienes  perciben hoy que haber vivido esa relación y haber salido de ella, les ha traído una nueva manera verse a sí mismas y al mundo.

 

Un cambio “positivo” ligado a ser otra mujer. Aquí hay una sutiliza que se escucha cuando ellas describen su cambio. Hay algunos testimonios centrados en la reconstrucción de su

autoimagen, en un sentido específico ligado a la capacidad. Ser alguien capaz. Estudiar, trabajar, ganar dinero, desarrollar una vocación ligada a lo social, administrar su tiempo, tomar decisiones, seguir sus deseos, negociar con el otro, poner límites, disfrutar de cosas cotidianas, tener paz, habitar sus espacios a su manera, son algunas de las imágenes que ellas enuncian cuando describen su nueva vida, su nueva identidad.

 

Pero también el cambio puede tomar una connotación de daño, de vivir para siempre con algo irreparable y que retorna sistemáticamente, especialmente a través de los hijos. Daño que se enuncia desde distintas posiciones. Una entrevistada lo percibe más explícitamente como un quiebre en las confianzas en las cuales ella había sostenido su relación con el mundo. Confianza que no es sólo en el otro, sino en la propia capacidad de percibir quien es ese otro. Daño que se expresa en vivir con una alerta que antes no  estaba, alerta que cansa. En otra el daño aparece ligado al proceso judicial directamente, manifestándose como un daño en su maternidad y en el desarrollo psíquico de sus hijos.

 

yo siento que cambié y eso todavía no lo acepto, yo creo que yo antes era otra persona y después de todo esto, cuando lo tenga más o menos superado con él no sé, todavía yo siento que cambié y eso me afecta en mi vida diaria, me afecta con mi pareja, me afecta sobre todo con el resto de los hombres, en términos laborales de repente.
eso todavía no lo acepto, el sentir que yo tuve que cambiar de alguna manera, no sé si ser más desconfiada pero  no sé si todavía me  resulta, no sé si todavía confío en mis instintos, eeh en el sentido de poder escoger una persona o de poder estar segura que conozco a esa persona

 

El, los otros, las instituciones…  en esta nueva vida

procedieron a entregarle el cuidado personal de los 3 niños a él, sin tener informes psicológicos, sin constatar lesiones, sin yo tener tampoco alguien que me defendiera y, y atendido que los niños solamente decían que querían vivir con el papá, entonces de ahí fue eeh un proceso larguísimo que duró hasta el 2008 en cual no tuve nunca más acceso a los niños

fue entrampándose, entrampándose y yo nunca más tuve acceso a ellos, ni a poder acercarme

cuando pasó todo con los niños y hubo este proceso de lucha por ellos y que caí como en las manos de las terapeutas  La Morada, como que ahí se me abrió un mundo, o sea, el hecho de poder procesar y trabajar todo lo que me había pasado, de lo que estaba viviendo del hecho de sentir, casi volverme loca por no tener acceso ni siquiera a escuchar, ni siquiera oler a los niños, me permitió sacar fuerzas no sé de donde, porque muchas veces sentí la locura sentada arriba de mi cama, sentí que no iba a poder, y que caía en la depresión y que lloraba todos los días y que si me iba en la micro al trabajo sentía el olor a leche con chocolate, lloraba, lloraba y lloraba, y llegaba destrozada pero seguía, entraba al trabajo y  continuaba porque era como la fuerza que me daban ellos, de decir si yo no estoy bien, si no estoy pará, si no me creo el cuento, no voy a poder recuperarlos nunca,

porque en el fondo es el papá y no puedo extender mi rabia o lo que yo siento, mi pena, eh ese es mi cuento, personal
ahora él igual trata como de acercarse qué sé yo, inclusive ha ido a mi trabajo pero la verdad que yo con él tengo como esa rabia todavía, de sentir de que pasaron todos estos años, de que los niños se vieron tan afectados,

por qué yo ahora tengo que mirarlo a él a los ojos como que no ha pasado nada si sí pasó, de que él haga como borrón y cuenta nueva y que sea capaz de ir al trabajo a pedirme un favor, yo digo, o sea, como tan cara dura

estábamos separados pero él igual tenía un manejo sobre mi, sobre lo que yo hacía, sobre mis tiempos, sobre mis cosas,

Otra temática que surge es la presencia de su agresor en su vida actual. Las entrevistadas describen como lograron ir produciendo otra vida cotidiana, otro circuito de relaciones y otro modo de habitar su mundo. Sus historias son muy distintas. En un caso, el proceso judicial donde después de la separación ella pierde a sus hijos y no los puede ver durante cinco años, marca un modo de relacionarse con esta nueva vida donde por un lado, todo su proceso de convertirse en una mujer capaz, está enfocado a ser capaz para poder recuperar a sus hijos  y resistir un proceso de revictimización muy severo. Ella sitúa este proceso como aquello que le permitió revisar su historia en tanto víctima y sitúa en él su sensación de daño y de llevar con ella algo irreparable, pues a pesar de que logró retomar la vida en común con sus hijos, los conflictos con los que tiene que lidiar tienen una directa relación con  esos cinco años de separación. Su testimonio plantea una cuestión radical en torno a los efectos de la victimización secundaria. Ella siente que puede situarse frente a su ex pareja desde una posición de superioridad, de distancia, donde él ya no puede afectar su vida en términos de producirle daño, aunque tenga que lidiar con un montón de conflictos en torno a él y en ese sentido el agresor (tal vez ya degradado) sigue siendo una presencia permanente en su vida. Sin embargo, tiene una sensación de daño irreparable respecto del sistema de justicia y la forma en que éste fue cómplice de su agresor.

 

Así su nueva vida –regularidad válida para las otras entrevistadas- está demarcada por ese otro y por lo que el contexto social, en su caso, marcadamente por lo que el contexto judicial, le permite.

 

En otro caso, nuevamente el sistema judicial funciona de un modo acorde con la lógica del agresor, tomando decisiones a favor de él a pesar de que lo condenan por violencia intrafamiliar. En lo concreto y cotidiano él sigue teniendo una enorme impunidad respecto de cada hecho de violencia actual. El es una presencia amenazante mucho más fuerte que en los otros casos y esto al mismo tiempo que la entrevistada logra armar una vida con mayor libertad, con una nueva relación de pareja, con un trabajo, pero sí sintiendo que él pone un límite muy delimitado a las libertades que  ella logra.

 

está también todo el proceso judicial que ha sido tan largo, llevo como casi 4 años yo creo separada y 3 años y medios o un poco más quizás en juicio, y toda la pérdida de la inocencia que ha habido en esto ha sido terrible, tener que darte cuenta como funcionan las cosas, lo mal hecho que está todo, lo desprotegido que te puedes sentir que de repente el propio Estado que es el que te tiene que defender termina siendo cómplice

En otro caso, la relación con el agresor se ha transformado, en el sentido de que deja de ser una presencia amenazante. Ese agresor suelta a su víctima, desiste de su posición frente a ella y en este caso tiene la particularidad que eso se produce sin mediación institucional alguna.

 

Por otro lado, las entrevistadas describen que esta vida posterior a la ruptura con su agresor se muestra en una superación de la sensación de encapsulamiento. Describen situaciones que muestran cómo ganan libertades personales. Todas describen lo que ahora pueden hacer y antes era imposible.

 

Al analizar las entrevistas en conjunto es posible plantear que las posibilidades  de las mujeres para construir una vida sin su agresor oscilan en una tensión entre sus posibilidades de situarse subjetivamente tomando y ejerciendo  libertades personales y nuevas confianzas y las restricciones que ese otro (su agresor) establece, con mayor o menor complicidad de sistemas institucionales o de su contexto de relaciones informales. Este punto es importante de considerar a la hora de pensar qué significa salir de la violencia.

 

Otro aspecto común en las entrevistadas respecto a esta “nueva vida” es lo difícil que se vuelve tener otra relación de pareja. Esto puede ser un punto que permite interrogar la relación que cada una establece con la violencia y con lo masculino.

 

la tranca que yo siento es como volver a amar me da miedo, harto miedo,
después de no querer la soledad, me acostumbré tanto a manejar mis cosas que igual me cuesta como compartirla, compartir mi tiempo, que alguien opine sobre lo mío, quizás por todo lo que pasó yo creo, creo que tiene que ver mucho con eso, que de un extremo me puedo haber ido al otro

 

Ser víctima

 

Yo, cuando la jueza dijo… lo condeno por violencia, ahí dejé de ser víctima. Pasé a ser un ciudadano al que le habían trasgredido sus derechos. Fui una víctima de él, pero lo condenaron por eso.

No hay un victimario si no hay una víctima, si no hay alguien esperando.

No me gusta simplemente la palabra, como víctima, porque no quise serlo y me tocó, eso es lo que no puedo explicar
me  había acostumbrado a ser una víctima y cuando yo me di cuenta que no, que era fuerte y que en realidad ya no le tenía miedo

La posición de víctima, la palabra víctima, la imagen de ser una víctima. Reconocerse como una víctima de violencia, verse a sí mismas de ese modo y al mismo tiempo no querer serlo, tener respecto de esa imagen una relación conflictiva. Una imagen de alguien que resuena imaginariamente como una “tonta” que aguanta lo que no debería, como alguien que tiene que dar explicaciones frente a los otros que no entienden su posición frente al agresor. Ellas adivinan en los otros la pregunta que no pueden responder respecto de por qué quedarse, por qué tolerar la violencia. Es una imagen que a ellas les produce rechazo y que también produce rechazo en los otros que las rodean.

 

Al mismo tiempo verse como partícipe de esa relación violenta, abre la posibilidad de poder no participar. Verse como alguien que tolera abre la posibilidad de no tolerar.

Pero verse de ese modo puede tener en ciertos casos algo que ver con la posibilidad de salir de esa posición, justamente por lo intolerable que puede resultar. Surge aquí una pregunta por la función subjetiva de esta identificación con la posición de víctima y la necesidad de dejar de serlo.

 

Muchas preguntas surgen a partir de los testimonios. ¿Cuánto de la posición de víctima se produce en una relación y cuánto está demarcado por la historia psíquica de la mujer que ocupa esa posición? ¿Qué hay en cada mujer en particular que logra producir una resistencia a la palabra del otro? ¿Qué permite que una mujer se vuelva permeable a otros que pueden nombrar la violencia y facilitar con esto un gesto subjetivo, un movimiento autoreflexivo respecto del otro, agresor?

 

¿salir de la violencia?

¿Qué hace que una mujer pueda verse a sí misma encapsulada en una relación que la daña y desear -y poder- salir de ella? Y luego ¿significa eso que salió de la violencia?

 

me di cuenta que estaba con él porque también tenía miedo a estar sola, también era uno de los temas, pero estaba sola, él estaba ahí y estaba más sola y más mal estando acompañada o sea, si hubiera estado sola realmente hubiera tenido más paz que estando con él y el sentir que necesitaba paz, paz, paz para poder seguir luchando por mi hijo, por disfrutar la vida, por sentir las cosas simples y esa necesidad de paz, fue lo que me hizo no, no quiero esto, prefiero llorar porque voy a estar sola, porque lo voy a querer y no lo voy a tener, prefiero llorar por eso. Pero en realidad qué es mejor? estar con él así o estar sola, sufriendo y echándolo de menos y todo y decidí que era mejor estar sola.
yo elegí esto y yo soy la que tiene que cambiarlo, cambiarlo y necesito paz para seguir viviendo,

necesito respirar, levantarme en la mañana, sonreír, ver el sol, y disfrutar de todo lo simple que es tan bonito, que es tan maravilloso, no se poh despertarme feliz con mi hijo, darle un beso, esas cosas y cuando estaba con él no, no tenía eso, estaba cansada de vivir

es que el querer que tu hijo no viva con miedo, vivir con miedo es lo peor, yo vivía con miedo todos los días y cuando me di cuenta que iba a hacer que mi hijo viviera con miedo y pensé qué estoy haciendo?

igual decidí estar sola a pesar de que sentía que sí estaba enamorada todavía, sentía que no podía querer a otra persona más que a él, pero tenía mucha confusión, pero si sentía que era fuerte, que era fuerte, que era fuerte y que no podía seguir siendo víctima, de nadie

autoayuda también pero no sé yo creo que lo que más me sirvió fue el movimiento humanista y Jodorowsky, me hizo despertar en muchas cosas,

 

A partir de las entrevistas consideradas en este análisis es posible plantear algunos cuestionamientos iniciales.

 

Una primera cuestión es que las entrevistadas refieren  el salir de una relación violenta como un proceso marcado por ciertos hitos que producen en ellas un efecto de cuestionamiento de su posición frente a la violencia o frente al agresor.

 

Este punto deja en evidencia que responder a ¿qué significa salir de la violencia? pasa por valorar  unos procesos absolutamente singulares.

Las entrevistadas describen secuencias e hitos que hoy  días les permiten responder a la pregunta sobre qué gatilló su proceso de “salida”.

 

estoy trabajando, generando yo mis recursos, teniendo mi propia casa y pasándolo mal, no puede ser, o sea, la vida no es así si uno se sacrifica por lo menos tiene que tener paz y eso fue lo que me hizo darme cuenta que yo por más que quisiera salvar las cosas, de que lo hablara con él y él no lo entendía, no lo entendía
Pero llegó un momento en que ya no quise aceptarlo, que vi la realidad de otra forma, o a lo mejor que ya se me empezó a quitar el enamoramiento
Deje de estar enamorada

me operé y eso me autoafirmó, cambié de posición frente al mundo,

la agresión fue tan humillante que saqué fuerzas de no sé dónde y lo eché con una convicción que nunca había tenido antes,
mi familia me hizo una encerrona, me dijeron que no tenía por qué aguantar y que ellos iban a estar ahí siempre

sentí que prefiero que me mate, pero que esto no podía seguir así, estar con él era peor que estar muerta

salió de la casa, tiró la puerta y el niño asustado vino corriendo a mis brazos y me dice “mamita, mamita le mentimos porque el sábado fuimos a los juegos”. Entonces fue lo que me hizo darme cuenta de que el niño se sentía culpable de haber hecho algo súper normal y me di cuenta de que yo toda la vida me había sentido culpable de ser yo misma, y que había dejado que él me quitara espacios porque yo lo había permitido.

 

nos habíamos separado varias veces antes por infidelidades de él, pero nunca dije, la violencia  es motivo para separarse, cuando conocí a otra persona, con él me di cuenta que lo vivía era totalmente anormal, pero
el juicio donde perdí a los niños, que él me los hubiera quitado, eso hizo un click en mi vida y me hizo revisar los 13 años de matrimonio. Entender que había vivido violencia
ya llevamos casi 3 años separados y yo me doy cuenta que ser yo misma era algo maravilloso que tenía que vivirlo

yo creo que mi autoestima cambió cuando yo entré en el mundo laboral.

Salir de la violencia está asociado a un cierto momento en que se produce un quiebre. Se vuelve posible algo que antes no lo era y en los casos analizados eso pasa por cuestiones estrictamente subjetivas.

 

Estos hitos tienen la función de interrogar su propia posición frente a la violencia. Pasar de verse a sí mismas como alguien que padece la violencia a verse como alguien que la tolera. La pregunta sobre por qué tolerar, pareciera abrir un espectro de posibilidades subjetivas. Es posible escuchar en este punto unas asociaciones entre lo que se tolera a partir de lo que se vuelve intolerable. Esto también asociado a un imaginario de una vida posible.

 

Una distinción que se desprende de los testimonios es la diferencia entre: salir de una relación violenta v/s salir de una lógica subjetiva organizada en torno a la violencia. Esto puede evidenciarse de diversos modos. Por un lado la posibilidad de iniciar otra relación violenta. Por otro, puede traducirse en tomar una posición de superioridad frente al agresor, devaluándolo, al mismo tiempo que somete a sus hijos a situaciones violentas, por ejemplo, usarlos de escudo, agredirlos por representar a su padre en algún sentido, etc.

 

Otra distinción puede ser que cambiar de posición frente al otro, no significa borrarla o superarla.  Puede dar cuenta de que no haya una sola posición. Es decir, se podría pensar el salir de un régimen de violencia como salir de una única forma de relación al otro. La posibilidad de ser capaz de tomar otras posiciones sin pretender borrar la posición de víctima puede ser un modo de entender esta salida.

 

Salir de la violencia implica una relación con otros que tomarán una cierta posición frente a quien es víctima, posición que al parecer tiene un peso específico para cada mujer. Esos otros se pueden volver un apoyo, al mismo tiempo que un espejo poco amable respecto justamente de su posición de sometimiento. En este sentido la apertura a los otros puede tener un aspecto muy aversivo para las mujeres. Sin embargo, por otro lado, la relación con otras mujeres puede volverse justamente un soporte social y subjetivo para sostener  su decisión de salir de una relación violenta.

 

Dentro de este proceso las instituciones y las relaciones informales le dan un determinado soporte a esta decisión de salir de una relación violenta. Las entrevistadas muestran también la diversidad de posiciones que las mujeres pueden tomar respecto de los circuitos institucionales. Una de ellas los desecha abiertamente al darse cuenta de la distancia entre lo que le ofrecen y lo que ella necesitaba. Otra se ve envuelta en demandas a las que debe responder y que terminan en un proceso grave de victimización secundaria  por el sistema de justicia, al mismo  tiempo que es sostenida por organizaciones de la sociedad civil a nivel jurídico y terapéutico; otra recurre a la justicia buscando un reconocimiento subjetivo a su verdad.

 

Antes de sacar conclusiones

Cada uno de los puntos donde surgen regularidades, deja en evidencia al mismo tiempo, las especificidades de cada una de las historias y las mujeres  entrevistadas. Cada análisis deberá organizarse entonces dentro de esta tensión entre la singularidad y sus regularidades.

A partir de estos testimonios nos surge casi como necesidad, dislocar ciertas cuestiones como:

  • Vivir una relación violenta no implica necesariamente, para las mujeres,  un proceso de victimización. Hay una diferencia entonces entre ser una víctima de violencia doméstica y ser una mujer maltratada.
  • Salir de una relación violenta no implica salir de la lógica de la violencia o de la posición de victimización.
  • El empoderamiento no implica salir de la posición de víctima, en tanto posición subjetiva. En el territorio del funcionamiento psicológico es posible que el empoderamiento quede recubriendo una posición de omnipotencia o de devaluación del otro, como única salida posible de la posición de víctima. Es decir, el empoderamiento puede quedar dentro de la lógica subjetiva de la violencia. Esto independientemente de que dicho empoderamiento sea necesario y opere positivamente en otros aspectos.
  • Salir de una relación violenta, en ciertos casos o de la lógica violenta, en otros, está asociado a un cierto momento en que se produce un quiebre. Se vuelve posible algo que antes no lo era y en los casos analizados eso pasa por cuestiones estrictamente subjetivas, que sin embargo, siempre involucran a un “otro”. El cambio subjetivo está entrelazo en un sistema de relaciones o vínculos sociales.
  • Salir de la violencia tiene que ver también con el otro/agresor en términos  de la posición que puede tomar éste frente a nueva posición de la mujer. Ni un régimen de violencia, ni  la posibilidad de salir de él, puede ser pensado sin considerar su carácter relacional.
  • Las redes sociales e institucionales pueden operar como soporte de dicha “salida” o como soporte del agresor y producir revictimización.  El lugar donde se busca ayuda o donde se espera protección puede transformarse en un lugar de victimización que puede incluso recubrir o resituar la experiencia de violencia de pareja. Transformarse en una víctima del sistema.
  • Salir de la violencia supone no sólo cambiar de posición frente al otro en términos subjetivos, sino también en términos sociales y culturales. Tomar posición frente a otros que van a situar en esa imagen de víctima una serie de creencias y estereotipos con lo que cada mujer tiene que lidiar.
  • Salir de una relación de pareja violenta, no puede ser pensado sin asumir la violencia estructural de lo social y su peso en la constitución de los individuos. Esto puede traducirse en la imposibilidad que contiene esta figura –salir de la violencia- para volcar la discusión sobre las posiciones posibles frente a la violencia

 

¿es la violencia una condición contra la que se lucha micro políticamente? ¿es posible pensar el salir de la violencia como un movimiento dinámico, subjetivo  y político por excelencia, de creación vital, más que un gesto de entrar y salir como si al salir fuera posible dejarlo atrás?

¿qué consecuencia tendría otorgarle valor a la singularidad, al integrarla  en el diseño y la sensibilidad de la acción?

 

 

…los testimonios nos llevan a imaginamos una suerte de gran oferta de imágenes disponibles para las mujeres, imágenes  divergentes, contradictorias entre sí, fragmentadas, parciales, pequeñas, disímiles que hagan referencia a los grandes estereotipos en que sostenemos lo que hacemos y lo que dejamos de hacer respecto de ellas y a nuestra propia relación con la violencia...
 

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